La pandemia de COVID-19 ha propiciado una intensa investigación médica que ha dado lugar a diversos descubrimientos en cuanto al desarrollo de nuevas vacunas y al posicionamiento del ejercicio como un método eficaz para prevenir, tratar y rehabilitar a los pacientes con la enfermedad. Muchos estudios han demostrado una alta tasa de mortalidad en personas con COVID-19 que llevan un estilo de vida sedentario. Por el contrario, se han documentado efectos protectores sobre el desarrollo de COVID-19 en personas que realizan actividad física regular. Se descubrió que estos efectos dependían del tipo de ejercicio realizado; por ejemplo, el ejercicio de resistencia y el ejercicio aeróbico combinados con fuerza muscular se asociaron con un riesgo reducido de hospitalización por COVID. También se ha demostrado que las personas que practican entrenamiento de resistencia reducen la probabilidad de morir a causa de COVID. En términos de actividad física moderada, se ha documentado que reduce la susceptibilidad, la hospitalización y la gravedad de la enfermedad COVID-19. Existe evidencia que sugiere que este efecto del ejercicio sobre el COVID-19 se observa en personas que realizan esta actividad durante al menos 150 minutos por semana. Todo esto indica que la disciplina práctica de la actividad física puede ser un tratamiento preventivo o de apoyo para la COVID-19. Vale la pena señalar que el tratamiento de esta enfermedad debe ser realizado por especialistas especialmente capacitados y se deben tomar las medidas necesarias para prevenir su propagación. Más información Rutina de ejercicio (Femoral)
