Los contaminantes ambientales comprometen la salud general en varios niveles, como el cardiovascular, el neurológico y el reproductivo. Estos materiales son agentes peligrosos que alterarán ciertos aspectos físicos del cuerpo al modificar directa o indirectamente el equilibrio molecular y/o celular. Estos contaminantes pueden transportarse a largas distancias a través de diversos medios ambientales (atmósfera, agua, organismos, etc.) con residuos de larga duración, bioacumulación, semi volatilidad y alta toxicidad, causando graves daños al medio ambiente y a la salud humana. El papel del ejercicio en relación con estas sustancias es controvertido; por un lado, se supone que pueden aumentar la exposición a estos contaminantes. Se indica que, especialmente durante la actividad física aeróbica, las personas pueden estar en contacto con estas sustancias en el polvo, partículas de aire, vapores y otros. Cuando sucede esto dichos compuestos tóxicos interactúan con los lípidos, que los liberan al torrente sanguíneo. Se ha documentado que todos estos contaminantes pueden causar enfermedades cardiovasculares, lesiones respiratorias, trastornos metabólicos y muerte prematura. Sin embargo, las investigaciones muestran que las personas que practican ejercicio aeróbico tienen niveles más bajos de estas sustancias que aquellas que llevan un estilo de vida sedentario. Esto se debe, entre otras cosas, a que el ejercicio aeróbico regula eficazmente la actividad del superóxido dismutasa en el hígado, la actividad de la catalasa y la glutatión peroxidasa, que favorece la biotransformación y el metabolismo de determinadas sustancias tóxicas a través del hígado. Sobre la base de tales estudios, se concluye que el ejercicio físico reduce la carga de contaminantes ambientales en el cuerpo humano y combate sus riesgos para la salud de diversas maneras. Más información
