Los ritmos circadianos, son los ciclos de vigilia y sueño que acostumbra el ser humano, y regulan diferentes funciones fisiológicas clave en el cuerpo, como lo es el metabolismo. Estos ritmos están influenciados por diversos estímulos ambientales, tales como, luz, ejercicio, temperatura e ingesta de alimentos. Diversos estudios, han mostrado, que dietas altas en grasas modifican negativamente los ciclos circadianos. Esto se ha mostrado puede asociarse con un aumento de la intolerancia a la glucosa y mayor riesgo de un evento cerebro vascular. Otras investigaciones indicaron que una dieta rica en harinas refinadas, grasas sólidas, azucares añadidos, carnes rojas y embutidos se relaciona con una mayor posibilidad de tener ciclos de sueño cortos y síndrome metabólico. Por otro lado, una dieta en la que se incluyen verduras, cereales integrales, aceites, frutos secos y semillas se asocia a ciclos circadianos adecuados y menor probabilidad de padecer alguna enfermedad metabólica y/o cardiovascular. Así, se muestra, que lo patrones alimenticios que practicamos pueden incidir en nuestros hábitos para dormir, lo cual tiene repercusiones metabólicas que se asocian a distintas patologías.
