Efectos de combinar una rutina de ejercicio con una dieta mediterránea 

La Actividad Física (AF) y un control nutricio adecuado son dos de los principales determinantes de una salud óptima. Por ejemplo, estudios muestran que una dieta inadecuada más inactividad física (definida como 150 minutos de AF moderada o vigorosa a la semana) son factores de riesgo para patologías cardiovasculares y crónico degenerativas. No obstante, estas evidencias, es conocido la existencia de distintas barreras que impiden, a la población en general, adherirse a hábitos nutricionales y AF saludables, estas limitaciones se encuentran a distintos niveles, entre ellos: el organizativo, el económico y/o el psicológico. De hecho, un análisis reciente encontró que más del 27% de la población mundial no alcanzó las pautas sugeridas para AF adecuada, y también se ha registrado que más del 85% de los adultos estadounidenses consumen comida chatarra a diario. Este tipo de hábitos se pueden presentar tanto en personas sanas como en individu@s con enfermedades crónicas no transmisibles. A este grupo de personas se recomienda practicar alguna rutina de actividad física disciplinadamente y además una dieta adecuada, lo anterior, debido a que así se puede promover un control glucémico sanguíneo, una regulación del peso, una reducción de la inflamación y una mejora de la salud cardiovascular. En cuanto a esto, se ha mostrado que la práctica de un entrenamiento de fuerza en combinación con una dieta Mediterránea se asocia con un menor riesgo de enfermedad coronaria y accidente cerebrovascular isquémico. Así se propone que en el mantenimiento de la salud es importante incluir una cantidad de tiempo adecuada dedicada a una AF y también un plan nutricional saludable, como lo puede ser la dieta mediterránea.  

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