Uno de los principales motivos de realizar algún tipo de ejercicio es el deseo de disminuir el peso corporal, sin embargo, muy pocas veces se toma en cuenta que esta actividad favorecerá la aparición de conductas compensatorias que limitaran su acción reductiva. En una situación ideal el aumento del gasto de energía inducido por el ejercicio, en ausencia de cualquier actitud compensatoria, debería resultar en un déficit de energía que conduce a reducciones de la masa corporal. Sin embargo, lo anterior generalmente no se cumple fielmente, ya que se experimentan respuestas compensatorias tanto metabólicas como conductuales. Por ejemplo, una respuesta compensatoria comúnmente relacionada al ejercicio es el aumento de la ingesta de alimentos (es decir, la entrada de calorías) debido al aumento del hambre, del deseo por ciertos alimentos y/o cambios en las creencias sobre la salud. Esto se potencia por ciertas conductas de las personas, por ejemplo, se ha mostrado, que los estados motivacionales asociados con el deseo de estar activo influyen también en la pérdida de peso relacionada al ejercicio. Por ejemplo, las alteraciones en el deseo de actividad física inducidas por el ejercicio podrían ser un mecanismo que promueva reducciones compensatorias en la regulación de la ingesta alimentaria. Estos estados de motivación para la actividad pueden verse influenciados por impulsos genéticos, metabólicos y psicológicos para la actividad (e inactividad), y son susceptibles a respuestas inducidas por fatiga o recompensa. Investigaciones indican que los estados de motivación para la actividad física disminuyen con el ejercicio y aumentan después de períodos de sedentarismo lo que lleva a una disminución en los resultados esperados de la actividad física. Todo esto en conjunto muestra algunas situaciones por las cuales la pérdida de peso asociada al ejercicio puede verse limitada.
Rutina de Ejercicio (Pecho)
