El movimiento corporal es importante para la salud física como mental, para prosperar en la vida e incluso, en algunos casos, para sobrevivir. Esta actividad, el mero movimiento, muchas veces es subestimado a nivel de salud, olvidando de esta manera su importancia en varios procesos biológicos cotidianos, entre ellos, circulación, oxigenación de tejidos, metabolismo, rendimiento físico y otras funciones. Es conocido que las personas que se encuentran en constante movimiento tienen menos coágulos de sangre (es decir, embolias pulmonares, trombosis venosa profunda), articulaciones congeladas, degeneración del cartílago, problemas de digestión, enfermedades metabólicas e incluso problemas de la piel. Entre otras cosas la dinámica motriz del ser humano es necesaria para un correcto crecimiento, maduración y desarrollo de la función inmunológica. A nivel cognitivo, se ha observado, que el movimiento influye en la percepción básica, la atención psicológica y la salud mental de las personas. Incluso mientras duerme, un cuerpo sano continúa moviéndose regularmente, con alrededor de 135 movimientos totales por sesión de sueño, de los cuales 15,1 son ajustes posturales importantes. Es de hacerse notar que las disminuciones repentinas en el movimiento (es decir, fuera del sueño y el descanso normales) se asocian con un empeoramiento precipitado de la salud y un envejecimiento acelerado. Tomando en cuenta todo esto, se podría plantear, que el movimiento es tan vital como la comida, el agua, el aire, el sueño, la vivienda y la actividad sexual; en otras palabras, una necesidad básica o genuina.
