Las definiciones que se le asignan al concepto de Lenguaje Inclusivo (LI), lo catalogan, como un movimiento social originado en Estados Unidos y Europa, posteriormente retomado en América Latina, con el cual se busca igualdad entre l@s seres human@s. No obstante, debe aclararse que el lenguaje inclusivo y la inclusión social no son lo mismo, el lenguaje inclusivo se usa, entre otras cosas, para combatir el androcentrismo lingüístico, mientras que la inclusión social, depende de actores políticos y sociales que definen las políticas para garantizar la igualdad social. El LI es un componente de la Inclusión Social, el cual puede ser una herramienta para construir un ambiente inclusivo para que la gente se sienta segura y valorada, con lo que se alude a la importancia de la afectividad en las interacciones. En América Latina, en general, el LI se concibe como una medida que busca intervenir sobre usos lingüísticos” y se define como “el nombre que se utiliza para designar ciertos usos del lenguaje con el fin de hacer explícito su posicionamiento ideológico”. Las propuestas para promover el cambio hacia el lenguaje inclusivo incluyen las modificaciones en el lenguaje cotidiano, institucional y jurídico. Sin embargo, la propuesta de modificación o creación hacia términos inclusivos muchas veces presenta problemas, puesto que en algunas ocasiones pueden tener una connotación, inclusive, más sexista. Por esta razón, para la creación del lenguaje inclusivo se aconseja seguir las siguientes premisas: La discriminación hacia la mujer y otros existe y es comprobable, El sexismo en el lenguaje existe y es comprobable, Numerosas instituciones en el mundo han abogado por el uso de un lenguaje no sexista, Es necesario extender la igualdad social de hombres y mujeres y lograr que la presencia de la mujer en la sociedad sea más visible, además, suponer que el léxico, la morfología y la sintaxis de nuestra lengua han de hacer explícita sistemáticamente la relación entre género y sexo, de forma que serán automáticamente sexistas las manifestaciones verbales que no sigan tal directriz, ya que no garantizarían “la visibilidad de la mujer u otros géneros”. En conclusión, el LI es una herramienta nueva que está en construcción, para esto deben de conocerse las bases para que su generación se dé adecuadamente, y así tengamos un elemento que atienda la complejidad de la inclusión social.
