Uno de los hechos más estudiados y documentados sobre los efectos del ejercicio son sus beneficios sobre la salud y la esperanza de vida. Para que estos efectos sean visibles, se ha planteado, las actividades físicas deben realizarse rutinariamente por un periodo de tiempo considerable, más cuando se juzga sus efectos sobre el envejecimiento. Esto último, se evalúa, calculando la discrepancia entre la edad real de un practicante de ejercicio y su edad prevista, a lo cual se le denomina, aceleración de la edad, la que puede tener valores positivos y/o negativos. Los valores positivos se consideran peligrosos e indicativos de una mayor tasa de envejecimiento, mientras que los valores negativos se consideran benéficos y evidencian una tasa de envejecimiento más lenta. Por lo tanto, cualquier intervención que revierta la aceleración de la edad, como lo es la actividad física, podría considerarse benéfica y potencialmente protectora de la salud. Molecularmente el envejecimiento celular se puede cuantificar por distintas herramientas, una de ellas es los cambios a nivel transcriptómica, es decir todas las traducciones celulares de DNA a RNA. En resumen, lo anterior, forma una “huella digital” molecular que cambia conforme aumenta la edad del ser humano. Algunos estudios indican que la práctica de un entrenamiento a intervalos de alta intensidad practicado por al menos cuatro semanas puede disminuir el envejecimiento a nivel de dicha huella digital molecular. Esta mejora en el retraso de la edad biológica coincide con mejoras en la composición molecular, la conciliación del sueño y disminución de los estados de depresión. Todo esto sugiere que el ejercicio ejerce un efecto de estados genéticos-moleculares que potencialmente contribuyen al cuidado de la salud y la longevidad.
Rutina de ejercicio (Espalda)
