El envejecer es un suceso natural, sin embargo, actualmente se hace énfasis en lograrlo saludablemente, lo cual la Organización Mundial de la Salud, lo propone como, un proceso de desarrollo y mantenimiento la capacidad funcional que posibilita el bienestar en la vejez. Dentro de este concepto, la actividad física es un factor importante entre la parte conductual y de estilo de vida para la prevención primaria y terciaria de distintas patologías. Entre los efectos positivos de la actividad física en la salud, está la prevención de enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo 2, reducción de eventos cardiovasculares, disminución del riesgo de cáncer, entre otros. A nivel mundial es frecuente que conforme aumente la edad la actividad física se disminuye lo que resulta en problemas con la movilidad, mayor riesgo de caídas y reducción de la calidad de vida. Se sabe que estas alteraciones son más frecuentes en las poblaciones de mayor edad, pero la evidencia indica que la disminución de la masa y la función muscular (es decir, la fuerza y la potencia muscular) comienza a partir de los 40 años y empieza a ser visible a los 50 años de edad. Aunado a esto se tiene que el nivel de actividad física sigue un patrón de la mediana a la edad adulta, esto implica que la actitud de actividad física a la mediana edad puede predecir el rendimiento físico en la vejez. Todo lo anterior indica que las intervenciones de entrenamiento por debajo de los 50 años pueden tener efectos positivos en la salud a largo plazo. Por lo tanto, mantener un nivel de condición física adecuado es de suma importancia tanto en adultos de mediana como de edad adulta. Para mantener dicho nivel de condición física es recomendable entrenamiento de resistencia y de fuerza, los cuales inducen adaptaciones específicas relacionadas con la arquitectura muscular, los factores neurales y el metabolismo energético. Específicamente, se ha observado que el entrenamiento de resistencia induce efectos benéficos sobre la síntesis de proteínas musculares, aumenta el área transversal muscular y la excitabilidad neural. Así, se plantea, que el mantenimiento de un entrenamiento físico adecuado puede ayudar a mantener nuestras cualidades morfológicas y nueroorgánicas adecuadas durante el proceso de envejecimiento.
