Las enfermedades cardiovasculares, en particular la enfermedad coronaria y el evento cerebrovascular, son un importante problema de salud pública, siendo asociadas a un tercio de las muertes a nivel mundial. En cuanto a esto se estima que uno de los principales factores asociados a este tipo de patologías es la dieta. Por ejemplo, se ha calculado, que al reemplazar 5% de la ingesta energética de ácidos grasos saturados por ácidos grasos poliinsaturados o monoinsaturados, se disminuye de un 15 a 25% la posibilidad de padecer una enfermedad coronaria. Además, se ha demostrado, que este tipo de recomendaciones se asocian a la prevención de sobrepeso, así como, a la reducción de la resistencia a la insulina y el riesgo de diabetes. Una de las opciones que se a usado para lograr lo anterior, es el consumo de aceite de coco, el cual se ha demostrado se ha relacionado con un aumento del colesterol de baja densidad (LDL-C). No obstante consumirlo en ciertas canitades o por ciertas poblaciones, genera que algunos de sus compontes, tales como, los ácidos grasos laúrico, miristico y palmítico, aumenten el riesgo de eventos cerebrovasculares. En general, se ha registrado, que los efectos cardioprotectores asociados al consumo de aceite de coco, se observan, mayormente en poblaciones que han ingerido este tipo de aceite por un tiempo considerable. Este es un ejemplo de un alimento que se populariza para ciertas patologías, sin embargo, su uso debe de ser vigilado por profesionales capacitados para evitar los posibles efectos secundarios indeseables.
