La realización de algún ejercicio, o no, puede ser un predictor de la presencia, o no, de dismenorrea y/o síndrome premenstrual. En general la menstruación está regulada hormonalmente mediante el eje hipotálamo-pituitario-gonadal a través de la hormona liberadora de gonadotropina (GnRH), la hormona estimulante del folículo (FSH) y la hormona luteinizante (HL). En algunas ocasiones este proceso fisiológico se acompaña por calambres, dolor e incomodidad severos, llegándose a considerar una afección ginecológica común que experimentan la mayoría de las mujeres, independientemente de su edad y raza, yes denominada dismenorrea. Esta afección puede clasificarse en primaria y secundaria, en el primer caso se trata de contracción uterina con dolor tipo cólico, en el segundo caso, el dolor y la incomodidad se asocian con patogenias orgánicas, como endometriosis y enfermedad pélvica inflamatoria. Algunos estudios, han mostrado, que el ejercicio realizado, durante aproximadamente 45 a 60 minutos, tres por semana o más, independientemente de la intensidad, puede reducir significativamente la intensidad del dolor menstrual, en el caso de una dismenorrea primaria. Por otro lado, se ha mostrado, que la práctica de un Entrenamiento a Intervalos de Alta Intensidad realizado por al menos 10 semanas puede reducir el dolor asociado a la dismenorrea hasta en un 30%. Esto y otras evidencias permiten plantear al ejercicio como un coadyuvante en el tratamiento de la dismenorrea, sin embargo, este padecimiento debe de ser tratado con profesionales debidamente capacitados.
