Hacer ejercicio favorece la recuperación después de una lesión

La actividad física se puede definir como cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos y que resulta en un gasto energético, abarcando lo que es el ejercicio y el deporte. El ser humano para tener una buena calidad de vida tiene que practicar, a la semana, una actividad física moderada, entre 150 a 300 minutos, o intensa, de 75 a 150 minutos, o una combinación de las dos. El ejercicio, por su parte es una actividad física planificada, estructurada y repetitiva, y se divide en entrenamiento de resistencia (aeróbico) y entrenamiento de resistencia (anaeróbico). Fisiológicamente, el entrenamiento aeróbico se refiere al ejercicio en el que el metabolismo de la glucosa depende del oxígeno en condiciones aeróbicas, mientras que el entrenamiento de fuerza se refiere al ejercicio en el que el peso o la sobrecarga se realizan en condiciones anaeróbicas. El primero suele inducir la adaptación de los sistemas cardiovascular y respiratorio, mientras que el segundo es más probable que resulte en hipertrofia muscular a través del aumento del volumen miofibrilar. Cualquiera de los dos tipos de entrenamiento, cuando se practica moderadamente, se ha demostrado, mejora la regeneración muscular después de una lesión, esto debido a que dicha regeneración se estimula mediante una actividad contráctil. En cuanto a esto, es indicado, que el ejercicio aeróbico aumenta la biogénesis mitocondrial y la densidad capilar, lo que ayuda a al transporte y uso de oxígeno para generar energía y, por lo tanto, retrasa la aparición de la fatiga muscular. Por su parte el ejercicio de resistencia promueve el mantenimiento y recuperación tanto de la masa muscular como del área transversal de musculo, después de una lesión. Por este motivo se plantea que la combinación adecuada de estos tipos de entrenamiento, planeada por un profesional capacitado, puede ayudar en la recuperación de atletas tras una lesión.

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