La actividad física es un elemento del estilo de vida que puede mejorar la función cognitiva, disminuir la neurodegeneración vinculada a la demencia y retrasar la disminución de la capacidad mental por progresión de la edad. Sin embargo, se ha observado, según el género biológico, diferencias tanto en la respuesta fisiológica al ejercicio como en el inicio, progresión y desenlace de los trastornos neurodegenerativos. Estas diferencias, se plantea, se deben, a factores genéticos, de desarrollo, sociales y hormonales, lo cual dirige a mecanismos regulatorios particulares e impacto sexo-específicos en la salud. Por ejemplo, los machos de nuestra especie muestran un 10 a 12% más volumen en ciertas regiones cerebrales y las diferencias en cuanto a contenido y dosis de generes llevan diferencias en regulación inmune y función cerebral. Estas características, se ha mostrado, se relacionan con la tendencia de los hombres a padecer más frecuentemente esquizofrenia, bipolaridad, Alzheimer y autismo. En general, el ejercicio físico se considera modifica significativamente el riesgo de padecer alguna enfermedad mental, aunque aún no se tiene claro, si sus efectos son distintos según el sexo. Por ejemplo, estudios indican que mujeres con deterioro cognitivo leve y que practicaron alguna actividad física aeróbica sus funciones cerebrales ejecutivas mejoraron lo doble en comparación con hombres con el mismo padecimiento. No obstante, hacen falta más estudios, que indiquen que posibles resultados a nivel físico y cognitivo puede generar la práctica de alguna actividad física.
