La obesidad o sobrepeso de los seres humanos, excluyendo a aquellas personas con problemas metabólicos, se relacionan con un desbalance energético en la alimentación. Cuando vamos a la nutrióloga(o) ella o él tratará de compensar dicho desbalance, sin embargo, si no somos sinceros a la hora de nuestra entrevista clínica poco pueden hacer estos profesionales de la salud. Por ejemplo, los pacientes generalmente no le damos importancia a algunos alimentos relacionados con la dieta occidental, tales como: bebidas azucaradas, postres, alimentos altamente procesados y carnes rojas. Por otro lado, también tendemos a mentir en la cantidad de verduras, frutas, leguminosas, pescado y semillas que consumimos. Esto lo hacemos para inconscientemente compensar, al menos en papel, nuestro estilo de alimentación. Sin embargo, estas prácticas son peligrosas debido a que el consumo de estos alimentos, aparentemente sin importancia, son los que más generan nuestro desbalance energético alimenticio y por tanto nos dirigen hacia el sobrepeso y la obesidad. Por si fuera poco, también disminuye y en muchas ocasiones bloquea los intentos de nuestra(o) nutrióloga(o) cuando nos diseña una dieta. En resumen, en nuestro plan alimenticio también influye nuestro posicionamiento ante la vida: decir la verdad o mentir.
