Ayudando desde la biología del ser humano al ejercicio

El ejercicio se potencia a partir de distintos procesos biológicos, entre ellos se encuentran los ciclos circadianos. Estos ciclos son acciones que nuestro cuerpo realiza con regularidad a lo largo del día dependiendo de la hora, por ejemplo, la sensación de sueño y/o hambre.  Desgraciadamente en la actualidad no prestamos atención a estos ciclos, lo cual se ha relacionado con la aparición de una cantidad considerable de enfermedades metabólicas. La actividad física se ha mostrado puede combinarse con los procesos circadianos y obtener ciertos beneficios, ejemplo de esto es que, un ejercicio aeróbico intenso realizado en la tarde/noche ayuda al control glicémico, esto debido a su sincronización con el ciclo de resistencia a la insulina. Además, se ha observado que una rutina de ejercicio de mediana intensidad realizada con regularidad puede aumentar nuestra capacidad de sacio alimenticio, también disminuye nuestra sensación de hambre y favorece el metabolismo de las grasas. Se recomienda que todo esto se combine con un plan alimenticio adecuado para mejores resultados. Así el ejercicio practicado cotidianamente puede disminuir el desarrollo y/o evolución de enfermedades crónicas degenerativas, tales como, la hipertensión y la diabetes.

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